Hoy la sola palabra “privatización” causa escalofríos a los argentinos, a la vista de los resultados

9 de enero de 2014.

POR Víctor Orozco

Buenos Aires está indignada y exasperada. Una ola de calor sorprendió a sus habitantes y les puso de manifiesto que muy pocas cosas de las empresas proveedoras de electricidad funcionaban: infraestructura obsoleta, producción insuficiente, subsidios oficiales malversados. (A contrapelo, las multimillonarias utilidades de los dueños marchan viento en popa). Todo se traduce en un hecho simple y llano: cientos de miles de residentes asándose en edificios sin luz, sin elevadores y sin agua. Ancianos o impedidos atrapados en sus departamentos como hornos. Hombres y mujeres bajan para ponerse de acuerdo con los vecinos de su cuadra y organizar piquetes que cortan las calles y avenidas como única forma de protestar. Se forman kilométricas colas de automóviles desviados de su curso, porque apenas sortean una barricada, aparece otra diez o quince manzanas adelante. Una anciana nos cuenta con angustia en el vestíbulo del hotel: tengo aquí ocho días y no sé para cuánto me alcance más, pero no puedo regresar a mi casa. Otra llora ante las cámaras porque su perra se le murió de calor y sed. Una profesionista nos informa cómo en los años noventa se privatizó la electricidad, bajo los convincentes argumentos de que bajarían las tarifas, se terminarían las corruptelas y se modernizarían instalaciones. Hoy la sola palabra “privatización” causa escalofríos a los argentinos, a la vista de los resultados: aumentaron los precios, hay desabasto y un modesto intento de recuperar el control de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, la antigua empresa petrolera nacional, tiene en jaque a las finanzas públicas, pues la trasnacional Repsol, que ofreció el oro y el moro cuando se le vendió de ganga, reclama 48 mil millones de dólares por indemnización, a pesar de que incumplió su oferta de invertir en la infraestructura y tecnología de la industria. Por eso, varios interlocutores me dicen convencidos, que los mexicanos caminamos al revés y otro más gráficamente afirma que nos estamos ahorcando solos. Pienso en ello y me asaltan las interrogantes: ¿Por qué en México los resultados de la reforma energética deberían ser otros?. ¿Hay algo que distinga la política instrumentada hace veinte años por Menem de la actual ejecutada por Peña Nieto?. ¿Será que los barones del capital sacrificarán sus dividendos para beneficiar a los consumidores o proteger los recursos naturales?.

PELÍCULA Memoria del saqueo

El documental que da cuenta de cómo Argentina fue derrumbándose y cayendo en la abyección de corrupción y pobreza, al mismo tiempo que se privatizaban los bienes públicos de la nación, hasta culminar en el derrocamiento del presidente De la Rúa en el 2002.

https://www.youtube.com/watch?v=OkqWc8aOdX4

 

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