La cosecha biofarmacéutica, los nuevos transgénicos

25 de octubre de 2012.

POR Carmelo Ruiz Marrero /

Justo cuando se está caldeando e intensificando la controversia mundial sobre alimentos y cultivos genéticamente modificados, también conocidos como GM o transgénicos, las transnacionales que los producen se preparan ahora para introducir una nueva clase de transgénicos que prometen complicar el debate aún más

Estos nuevos cultivos GM, conocidos como biofarmacéuticos o simplemente biofarma, producen químicos farmacéuticos e industriales en sus tejidos.

 

Estas plantas, que incluyen soya, arroz, maíz y tabaco, han sido genéticamente alteradas para que produzcan sustancias como hormonas de crecimiento, agentes coagulantes, vacunas para humanos y animales de granja, anticuerpos humanos, enzimas industriales, anticonceptivos y hasta drogas para terminar el embarazo.

 

Puerto Rico es precisamente uno de los lugares donde más experimentos se llevan a cabo con este tipo de cultivo.

Hay científicos y empresarios que apoyan los biofarmacéuticos con entusiasmo.

“Piensen en cosechar suficiente globulina (un compuesto que combate la artritis) para el mundo entero en menos de 50 acres de maíz”, escribió eufórico el doctor William O. Robertson en una columna de opinión publicada en el diario Seattle Post-Intelligencer.

 

“Piensen en encontrar la proteína que la gente saludable usa para prevenir la artritis o cáncer del seno y producirla en grandes cantidades en arroz o tabaco.”

ProdiGene, compañía que es líder indiscutible en este campo, pronostica que al final de esta década un diez por ciento de la cosecha de maíz en Estados Unidos será biofarmacéutica.

 

El mercado de drogas y químicos biofarmacéuticos podría llegar a los $200 mil millones al comenzar la próxima década, según el científico Guy Cardineau, de Dow AgroSciences.
 

Voces de alerta

Pero hay ecologistas y científicos preocupados por esta nueva cosecha.

 

¿Se podrán aislar y segregar estas plantas y sus frutos y granos, de modo que se pueda evitar una especie de Chernobyl biológico que resulte en una tragedia ecológica y de salud pública?, preguntan ellos. ¿Qué garantía hay de que estos productos no acabarán accidentalmente en el supermercado?

 

¿Cómo se evitará que el polen de estas plantas no fertilice a otras fuera del cultivo y así comiencen éstas a reproducirse fuera de control?

“Un solo error de una compañía de biotecnología y estaremos comiendo los medicamentos de prescripción de otra persona en nuestro cereal de desayuno”, advirtió el año pasado Larry Bohlen, portavoz del grupo internacional ecologista Amigos de la Tierra.

“¿Qué pasa si el polen de una planta transgénica que contiene alguna droga fertiliza algún cultivo comestible que se encuentre cercano?”, preguntó el Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (Grupo ETC) en un informe publicado en 2000.

“¿Cómo afectarán a los microorganismos de la tierra o a los insectos benéficos los cultivos que están diseñados genéticamente para producir químicos industriales o fármacos? ¿Qué pasa si los cultivos biofarmacéuticos terminan siendo comidos por animales? ¿Se alterarán las proteínas biofarmacéuticas en diversas formas durante el crecimiento de la planta, su cosecha y almacenamiento? ¿Podrían causar alergias?”

“Más preocupantes son los problemas de polinización cruzada y efectos dañinos desconocidos sobre insectos, microbios del suelo y otros organismos nativos”, según el biólogo Brian Tokar, profesor del Instituto de Ecología Social.

“Además, podríamos pronto ver enzimas biológicamente activas y fármacos, encontrados en la naturaleza sólo en cantidades minúsculas y usualmente confinadas bioquímicamente en regiones muy especializadas de tejidos y células, secretados por tejidos vegetales en una escala comercial masiva”, planteó Tokar.

“Las consecuencias pueden ser aún más difíciles de detectar y medir que las que se asocian con las otras variedades de cultivos GM, y podrían escalarse al punto que los problemas ahora familiares podrían quedarse pequeños en comparación.”

 

Un pequeño error en Nebraska

Ya han ocurrido errores con estos cultivos.

 

En noviembre de 2002, 500 mil bushels* de soya en la cooperativa agrícola Aurora en Nebraska, Estados Unidos, se contaminaron con maíz biofarmacéutico. ¿Y cómo ocurrió eso?

 

 

* Un bushel es una medida de volumen que no tiene traducción ni referente en el idioma español. El Colegio de Agrónomos de Puerto Rico nos informó que 1 bushel equivale a 1.2 pies cúbicos.

 

 

Resulta que uno de los miembros de la cooperativa había sembrado un cultivo experimental de maíz de Prodigene el año anterior, y al año siguiente había sembrado soya para consumo humano en el mismo campo.
Durante una inspección rutinaria, personal del departamento de agricultura federal encontraron el maíz de Prodigene creciendo entre las plantas de soya.

 

Para cuando hicieron el hallazgo ya había soya de ese campo en los almacenes de la cooperativa, mezclada con la soya de otros agricultores. Afortunadamente las autoridades pudieron detener el grano contaminado justo antes de que acabara en productos de supermercado.

A la compañía se le multó $500 mil por el descuido. A pesar de este casi desastre, conocido como el escándalo Prodigene, el gobierno todavía le permite a la empresa cultivar biofarmacéuticos, y mantener secreta la naturaleza exacta del cultivo que contaminó la cooperativa en Nebraska.

 

Mark Ritchie, presidente del Institute for Agriculture and Trade Policy, describe este incidente como el “Three Mile Island” de la biotecnología, en referencia a la emergencia que hubo en el reactor nuclear del mismo nombre en los años 70.

Después del escándalo Prodigene dos gremios industriales que habían apoyado los transgénicos de manera acrítica comenzaron a repensar sus posturas. Portavoces de la Grocery Manufacturers Association, grupo que representa a empresas que venden productos de supermercado, expresaron preocupación por la posibilidad de que biofarmacéuticos acaben contaminando los alimentos.

 

Les hizo eco la National Food Processors Association, que representa a los procesadores de alimentos. El presidente de la asociación, John Cady, pidió regulaciones estrictas y mandatorias para proteger los alimentos de contaminarse con biofarmacéuticos.

Sin embargo, otros sectores no comparten estas preocupaciones.

 

La Biotechnology Industry Organization, que representa a las compañías de biotecnología, y la American Farm Bureau Federation, organización de grandes agricultores, están cabildeando en Washington para que el gobierno federal le dé más apoyo y menos reglamentación a los biofarmacéuticos.

Contaminación biológica

Productos transgénicos no aptos para consumo humano ya han contaminado la cadena alimenticia humana anteriormente.

 

A fines de 2000, grupos ambientalistas y de defensa del consumidor descubrieron que cientos de productos estadounidenses de supermercado fueron contaminados con trazas de Starlink, un maíz GM que fue declarado contraindicado para consumo humano por la Administración Federal de Alimentos y Medicamentos (FDA).

A pesar de que había sido sembrado en solo 0.04% del área dedicada al cultivo de maíz en Estados Unidos y que se suponía que iba a ser consumido por animales de granja solamente, Starlink acabó contaminando 430 millones de bushels y hasta el día de hoy sigue apareciendo regularmente en exportaciones estadounidenses.

“El descubrimiento de Starlink en Japón y Corea del Sur, dos de los clientes más grandes de maíz estadounidense, significa que ese maíz modificado genéticamente puede estar en cualquier parte”, declaró Meena Raman, residente de Malasia y coordinador asiático del Programa de Transgénicos de Amigos de la Tierra Internacional.

 

“Mientras que el gobierno estadounidense y la compañía biotecnológica Aventis (creadora de Starlink) no hayan controlado la contaminación, otros países no deberían permitir la importación de maíz hasta que se haya garantizado que no contienen Starlink.”

Un caso de contaminación genética aún más serio está ocurriendo en México, donde se ha documentado la presencia furtiva de maíz GM desde 2001.

 

Está apareciendo en los huertos de comunidades rurales, campesinas e indígenas, sembrado por pequeños agricultores que no tienen idea de que la semilla es transgénica. Y está proliferándose agresivamente, cruzándose con variedades criollas y silvestres, a pesar de que el gobierno mexicano tiene prohibida la siembra de cultivos transgénicos en el país desde 1998.

 

Esta contaminación alarma a ambientalistas, científicos y agricultores, ya que México es la cuna del maíz y su centro de diversidad, y por tanto las consecuencias a largo plazo sobre el medio ambiente y la salud humana son inciertas.

“No es para menos. Se trata de contaminación en el centro mismo de origen de un cultivo de importancia mayúscula en la alimentación mundial, lo cual implica impactos mayores que en otras zonas, ya que la contaminación se puede extender no sólo a los maíces nativos y criollos, sino también a sus parientes silvestres”, señaló Silvia Ribeiro, quien dirige la oficina del Grupo ETC en Ciudad México.

Este flujo genético,

“es contaminante y degrada uno de los mayores tesoros de México.

 

Que a diferencia de la dispersión y flujo genético entre maíces criollos y variedades híbridas convencionales, no transfiere genes de maíz solamente, sino además fragmentos de genes de bacterias y virus, que nada tienen que ver con el maíz, cuyos efectos ambientales y en la salud no han sido seriamente evaluados.”

“Esta contaminación es un serio problema para México porque los maíces criollos representan la memoria genética de la agricultura tradicional, y el daño a sus secuencias originales puede ser irreparable para el patrimonio natural del país”, denunció Eyeli Huerta, de la Comisión Nacional de Biodiversidad de México.

En México algunos están preocupados por la posibilidad de que se meta en su país el maíz biofarmacéutico.

 

Ribeiro observa con gran preocupación que la empresa Epicyte, con sede en California, se vanagloria de haber desarrollado un maíz espermicida para uso como anticonceptivo.

Advirtió Silvia Ribeiro en el periódico La Jornada que:

“El potencial del maíz espermicida como arma biológica es altísimo, ya que es de fácil cruza con otros maíces, pasa inadvertido y se podría insertar en el corazón mismo de las culturas indígenas y campesinas.

 

Ya nos ha tocado presenciar cómo se han usado repetidamente campañas de esterilización contra indígenas. Este método sería ciertamente mucho más difícil de detectar.”
Arropando el planeta

¿Dónde se están sembrando los cultivos biofarma? En el mundo entero.

 

A través de la página Web molecularfarming.com, un grupo de inversionistas está solicitando la colaboración de agricultores en cualquier parte del mundo dispuestos a rentar sus tierras para experimentos con biofarmacéuticos.

 

Ya han llegado a acuerdos con granjeros en,

  • Brasil
  • Irlanda
  • Australia
  • Grecia
  • Zimbabwe
  • Panamá,

…y muchos otros países.

La incansable activista Beth Burrows fue la primera persona en denunciar la existencia de la página cibernética de Molecular Farming. Burrows preside el Instituto Edmonds, agrupación sin fines de lucro dedicada a asuntos de bioética y bioseguridad.

 

Ella cuestionó que cómo es posible que a alguien se le ocurra diseminar cultivos biofarmacéuticos por todo el planeta en vista de los percances de Starlink y Prodigene y considerando también que los efectos ambientales de los cultivos biofarmacéuticos en particular y los transgénicos en general no han sido adecuadamente investigados.

Devinder Sharma, periodista galardonado y experto en asuntos agrícolas y alimentarios residente en la India, describió la página de Molecular Farming como “chocante” y declaró:

“Esto es parte del designio global de transferir industrias sucias al Tercer Mundo.”

“Primero fue la transferencia del reciclaje de desperdicios tóxicos y peligrosos a países en desarrollo, principalmente en África y el sur de Asia. Ahora es el turno de los cultivos biofarma. En Estados Unidos hay tremendos problemas con estos cultivos. ¿Y qué hacen entonces? Transferir esta industria sucia a los países del sur de Asia.”

 
No se preocupen, no hay ningún problema

A pesar de todo esto, los defensores de los biofarmacéuticos siguen asegurando que son perfectamente seguros.

 

El doctor Allan S. Felsot, toxicólogo ambiental de la Universidad Estatal de Wáshington, dice que el uso de plantas para hacer fármacos y otros químicos,

“no es ni siquiera un concepto nuevo, considerando que los humanos hemos estado usando plantas medicinales por siglos.”

Felsot sostiene que no hay nada extraño con generar proteínas humanas en tejidos de plantas transgénicas.

“Las proteínas (en cuestión) son las mismas que ya se encuentran en nuestros cuerpos. La mayoría de ellas ya han sido usadas como medicinas mediante fermentación celular. Están bien caracterizadas y han pasado por investigaciones minuciosas y pruebas clínicas con sujetos humanos.”

“Las posibilidades desafían la mente, las oportunidades son imposibles de apreciar en su totalidad y los riesgos parecen minúsculos en comparación con los riesgos que hemos enfrentado en la medicina a través de los años”, declaró el ya mencionado doctor Robertson, quien añadió que las precauciones que se toman con los biofarmacéuticos llevan la seguridad al decimonoveno lugar decimal.

¿Qué nos depara el futuro?

“¿Exactamente qué tiene que pasar para que el Departamento de Agricultura tome en serio el hecho de que millones de personas casi acabaron comiendo drogas y químicos experimentales?”, pregunta Brandon Keim, del Council for Responsible Genetics en referencia al escándalo Prodigene.

 

“¿Unas cuantas muertes espectaculares? ¿O quizás un aumento continuo en desórdenes debilitadores que sólo se note décadas después, cuando ya es muy tarde?”

Los biofarmacéuticos están todavía en la etapa experimental y las compañías que los producen esperan ansiosamente que las autoridades federales permitan su entrada al mercado.

FUENTES DE INFORMACIÓN

– Philip Cohen. “Drug genes could enter food chain”. New Scientist, 6 de julio 2002. http://www.organicconsumers.org/gefood/pharmaceuticals0702.cfm

– Council for Responsible Genetics. Official Statement on Biopharmaceutical Crops. http://www.gene-watch.org/programs/biosafety/biopharming-statement.html

– Environment News Srvice. “Secret U.S. Biopharms Growing Experimental Drugs” http://ens-news.com/ens/jul2002/2002-07-16-05.asp

– Genetically Engineered Food Alert http://www.gefoodalert.org

– Genetically Engineered Food Alert. New Alarming Report on Hazards of Biopharming http://www.OrganicConsumers.org/gefood/Biopharming0702.cfm

– Brandon Keim. “Biopharm Roulette”. Alternet, 27 de noviembre 2002. http://www.alternet.org/story.html?StoryID=14647

– John Nichols. “The Three Mile Island of biotech”. The Nation, 30 de diciembre 2002. http://www.mindfully.org/GE/GE4/Biotech-Three-Mile-Island30dec02.htm

– Prodigene http://www.prodigene.com/

– Silvia Ribeiro. “Maíz contra humanos”. La Jornada, 25 de enero 2002. http://www.biodiversidadla.org/article/view/466

– Silvia Ribeiro. “Granjas secretas y drogas transgénicas” La Jornada. 11 de agosto 2002 http://www.jornada.unam.mx/2002/ago02/020811/016a1pol.php?origen=opinion.html

– Carmelo Ruiz Marrero. Experimentos Genéticos en Puerto Rico http://www.biodiversidadla.org/article/view/217

– Brian Tokar. “Riesgos biológicos: ¿La próxima generación? Cultivos deplantas manipuladas genéticamente para fabricar proteínas industriales y farmacéuticas” http://www.biodiversidadla.org/article/view/981

– Mike Toner. “GE Pharming Generating Controversy”. Atlanta Journal and Constitution, 19 de mayo 2002. http://www.organicconsumers.org/patent/futurestuff052002.cfm

Fuente: http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/ciencia_geneticfood99.htm#La

 

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