Cooperativas agrícolas son muy competitivas en América Latina

23 de octubre de 2012.

POR Marianela Jarroud / IPS

Las cooperativas agropecuarias contribuyen a la inclusión de pequeños productores y de la agricultura familiar a cadenas de valor en América Latina, afirmaron dos agencias de las Naciones Unidas.

“Las cooperativas tienen un papel clave en el proceso de desarrollo económico y social de una comunidad, una economía y un país”, dijo a IPS el director para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Raúl Benítez.

En el marco de la celebración de 2012 como Año Internacional de las Cooperativas, el economista argentino sostuvo que se debe fomentar este tipo de organización productiva, esencial para la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza.

“Hoy el mundo produce más alimentos de los que se consumen, el problema es que la gente no puede acceder a ellos porque está sin trabajo o excluida socialmente. Entonces la cooperativa promueve la inclusión y, por lo tanto, es vital para la seguridad alimentaria de los habitantes”, explicó.

Según la definición de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el cooperativismo es una forma de organización social y económica de la producción basada en principios como la asociación voluntaria y abierta, el control democrático y la participación de los asociados, la autonomía e independencia, la educación, capacitación e información, la cooperación y la preocupación por la comunidad.

Para Benítez, el cooperativismo se erige sobre un concepto “muy democrático”, en el que los participantes “valen por ser personas y no por el capital que aportan”.

“Sin perjuicio de que existen cooperativas con grandes, medianos y pequeños productores, o en las que conviven distintos rangos de productores”, este tipo de empresa “se basa en un modo de pensar de manera inclusiva, donde se trata de no dejar afuera a los productores”, abundó.

Benítez encabezó, en la sede regional de la FAO en Santiago de Chile, las celebraciones del año internacional, que tiene como objetivo crear mayor conciencia sobre la contribución de las cooperativas al progreso económico y al logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

También se busca fomentar la constitución y el crecimiento del sector, y alentar a los gobiernos y organismos reguladores a implementar políticas y normas que contribuyan a ese fin.

Una medida de la potencia del sector es la Alianza Cooperativa Internacional, que agrupa a 267 organizaciones de 96 países que representan a más de 1.000 millones de personas.

En América Latina existen ejemplos exitosos, como la Confederación Nacional de Federaciones de Cooperativas y Asociaciones Silvoagropecuarias de Chile, la Cooperativa Vitivinifrutícola de La Rioja, Argentina, la Organización de Cooperativas Brasileñas, y el Consejo Nacional de Cooperativas de Costa Rica.

Se trata, además, de un modelo muy competitivo, según Benítez.

“Un tercio de la producción industrial de Argentina proviene de cooperativas; en Brasil, 37 por ciento del producto agrícola es generado por las cooperativas; en Costa Rica, 18 por ciento de la población está cooperativizada”, y Chile tiene más de 1.300 instituciones mutuales, ejemplificó.

“Son países donde las cooperativas han tenido un impacto bien importante y se muestran muy competitivos a la hora de producir y participar en el mercado”, agregó.

La FAO y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) reunieron en Santiago a más de 250 agricultores cooperativistas de Chile y dirigentes mutuales de los otros tres países mencionados, bajo el lema “Las cooperativas ayudan a crear un mundo mejor”.

La producción cooperativa habilita “una distribución del ingreso más justa, sin fines de lucro, porque el lucro se lo reparten entre sus asociados”, dijo Benítez.

Antonio Prado, secretario ejecutivo adjunto de la Cepal, dijo por su parte que “hemos venido insistiendo en el tema de la igualdad: en el imperativo de cerrar brechas que todavía persisten en la región en materias étnicas y de género, de productividad, de desarrollo territorial y social”.

“Las cooperativas han demostrado su efectividad en la reducción de ese tipo de brechas”, agregó.

Para Benítez, los desafíos que enfrentan las cooperativas son distintos y dependen de cada región y cada país.

“En aquellos países donde el marco es apropiado, el desafío principal es cómo hacemos para que más gente se incorpore a esta forma de encarar el proceso productivo”, señaló.

Mientras, en los países “donde el marco no es el más apropiado, el desafío es crear conciencia en las autoridades políticas y en la población general de que existe una alternativa de organización de la producción que permite un sistema de inclusión social relevante”, aseveró. (FIN/2012)

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