Desmantelar España: La solución

16 de octubre de 2012.

POR Jaime Richart / Argenpress

La acumulación de gravísimos problemas en este país, no permite atisbar soluciones, Y las que puedan parecerlo seguirán siendo parches, como lo fue el paso, que no transición, de la dictadura a una democracia burguesa de poca categoría en la práctica, como se ha venido demostrando, por numerosos detalles y cosas. La última, el pésimo uso (latrocinio más despilfarro) de las ayudas millonarias recibidas de Europa, tanto por parte de las administraciones autonómicas como por el poder central…

Por más que se defienda a capa y espada la marca “España”, el concepto es una idea muy fluctuante tirando siempre a retraso. No hay más que retazos formulados por castellano-parlantes y muchas glorias basadas en la dominación y en la truculencia. La lengua, en este caso, es él único aglutinante que podría explicar esa idea confusa y dividida de España. Al fin y al cabo, la historia de ese país es una historia repleta de violencia y de guerras civiles de más o menos envergadura y alcance, que han llegado hasta el último tercio del siglo XX y las puertas de la relativa civilización de hoy día.. Sólo los últimos 35 años recuerdan un poco a una democracia en la que se ha podido votar. Mejor dicho se ha podido limitar a votar: no hay otra participación posible. Hasta ese momento, no hubo más que absolutismos y opresión. Los siglos anteriores estuvieron ocupados o al menos presididos por persecuciones, dogmas, inquisición, fascismo y barbarie.

Por consiguiente, lo que debiera hacerse, tanto para sanar la infección de tanto sentimiento enconado interterritorial, como para paliar el resto de los problemas es desmantelar el Estado español, tal como está configurado y crear una nueva España.

El proceso debería empezar por abrogar la Constitución y el modelo de Estado levantados sobre la voluntad del dictador, y someter a referendo monarquía-república. Desarticular luego todas las Autonomías para que cada una de ellas decida su suerte, su identidad, su independencia y su constitución. A partir de ahí plantearse cada nuevo estado así constituido la unión, asociación o federación con los restantes territorios peninsulares e insultares; territorios que pertenecen a un rincón del mundo antipático, violento y desigual socialmente como ninguno otro del continente europeo. Operar, en suma, como la Alemania que perdió la guerra al crear sus länders, como si “los españoles” hubiéran librado una nueva guerra civil virtual sin vencedores ni vencidos…

En el fondo, aparte de sus viejas aspiraciones, todo ello es lo que explica y justifica el por qué los catalanes y los vascos se quieren divorciar de España, y, como en toda guerra, aprovechan la coyuntura y la debilidad del enemigo. A Catalunya deberían seguir, con el mismo procedimiento, las 14 autonomías restantes.

Sólo así los casi 50 millones que habitan por aquí empezarían a acariciar la posibilidad de una vida plena, responsable, próspera en lo económico, en lo cultural y en lo moral, y sobre todo en paz. De otro modo España acabará otra vez como el rosario de la aurora…

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