La contrarreforma laboral del PRIAN, una burda copia del Código laboral pinochetista

28 de septiembre de 2012.

POR Andrés Peñaloza

A fines de los años setenta, en plena dictadura militar pinochetista, el entonces Ministerio del Trabajo José Piñera Echenique, hermano de Sebastián actual presidente de Chile y quien recibiera hace algunos días al usurpador Peña Nieto, dictó a partir de junio de 1979, una serie de decretos que fueron configurando la nueva institucionalidad laboral, particularmente los decretos leyes 2.200 sobre contrato individual, 2.756 sobre organización sindical y 2.758 sobre negociación colectiva, terminaba de una plumada con los derechos de los trabajadores adquiridos durante más de cincuenta años de históricas batallas.

La legislación laboral pinochetista se dirigió a: i) flexibilizar descaradamente los derechos individuales para atomizar a las organizaciones sindicales y a desregular las relaciones laborales para dotar al patrón de facultades para definir a su favor las jornadas de trabajo y las remuneraciones y; ii) endurecer en forma absoluta el ejercicio de los derechos colectivos, como la negociación colectiva y la huelga al grado de desvanecerlos en la práctica.

La legislación laboral pinochetista significó el retiro del Estado de la regulación de las relaciones laborales y la desprotección del movimiento sindical ante una burguesía rapaz que incrementó la explotación a niveles extremos, me recuerdo cuando hace diez años visité el norte de Chile que los dirigentes mineros copiapinos aludían a la figura de “trabajador(a)  desecho” para ilustrar las facilidades que la dictadura otorgó a la patronal y que es lo que explica las extraordinarias tasas de productividad y explotación del “milagro chileno”.

A decir de Francisco Herreros: “el resultado neto de tal política ha sido la contracción de la participación de los salarios en el producto nacional desde cerca del 70% alcanzado en 1972, hasta el 38% de la actualidad, y en la reducción del número de trabajadores sindicalizados, desde los más de 900 mil del año 1972, a los poco más de 680 mil registrados por la Dirección del Trabajo en 2004, alrededor del 9% de la fuerza laboral, porcentaje que correlacionado con el crecimiento de la población, arroja una merma brutal.”

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