Las contrarreformas que vienen

18 de septiembre de 2012.

POR Ricardo Monreal Ávila / Milenio

Con el regreso del PRI a la Presidencia de la República, un segundo ciclo de contrarreformas impulsadas por este partido y el PAN está por iniciarse. Las llamamos contrarreformas porque están orientadas a desmantelar las reformas consagradas y tuteladas por la Constitución desde hace casi un siglo, pero sobre todo porque tienen el efecto inverso y en sentido contrario a los beneficios que dicen promover.

Este segundo ciclo es tan parecido en forma y fondo al primero, que no podemos dejar de recordar la matriz de aquellos cambios que concluyeron en una serie de crisis económicas y políticas que convulsionaron al país.

El primer ciclo se presentó en la década de los 80 del siglo pasado, durante la administración de Miguel de la Madrid, consolidándose en el gobierno de Carlos Salinas y concluyendo de manera accidentada en la megacrisis económica de 1995.

Ese primer ciclo inició con una bandera de combate a la corrupción (la “renovación moral de la sociedad”), prosiguió con el primer ingreso de México a un acuerdo mundial de libre comercio (el GATT) y se emprendieron las primeras privatizaciones de empresas y sectores públicos. Paralelamente, se presentaron los grandes recortes y retrocesos de inversión pública en el sector energético, agropecuario, educativo y en salud.

La renovación moral de la sociedad terminó en la megacorrupción del salinismo. La apertura comercial indiscriminada arrasó con la industria nacional, el campo y el mercado interno. Mientras que las privatizaciones de sectores estratégicos dieron lugar a una metamorfosis peculiar de la economía: los monopolios públicos se convirtieron en monopolios privados. Simplemente cambiamos de monstruo: se remplazó a Leviatán por Behemot.

El primer ciclo de contrarreformas tuvo un bono político al darse la primera alternancia presidencial. El cambio de PRI a PAN generó la expectativa de que habría crecimiento económico y bienestar social, pero pronto llegó la desilusión. Los logros macroeconómicos que el PAN presumió, en realidad provenían de la época del PRI, mientras que los indicadores de desempleo, pobreza y desigualdad continuaron su descenso, con un nuevo agravante: la inseguridad y la violencia como problema nacional.

Se va el PAN de Los Pinos, pero no las contrarreformas que intentó impulsar. En su regreso a la Presidencia de la República, el PRI anuncia el segundo ciclo de ellas. Si las primeras se centraron en la apertura comercial indiscriminada, en las privatizaciones de sectores no estratégicos y en la globalización financiera a ultranza, en este segundo ciclo las prioridades son la modificación del régimen laboral, una reforma fiscal confiscatoria y la privatización del sector energético (especialmente petróleo y energía eléctrica). Es decir, van por todo aquello que dejó pendiente el PRI de De la Madrid-Salinas-Zedillo y por lo que no pudo promover el PAN de Fox y Calderón.

Como si regresáramos al punto de inicio de un laberinto, el segundo ciclo de contrarreformas arranca con una agenda anticorrupción y de transparencia. Tiene el mismo objetivo de hace 30 años: atacar los efectos, no las causas, y apuntalar la legitimidad de un partido afectado por la deshonestidad. Se olvida que el buen juez por su causa empieza: mientras no se aclare elMonexgate, la iniciativa anticorrupción del PRI será una huida al futuro, un intento de lavarse la cara sucia con agua turbia.

La reforma laboral plantea la democratización sindical, pero su esencia está en otra parte: en la flexibilización de los contratos laborales y la consagración del pago por horas. Es decir, la legalización del trabajo precario y la “Macdonalización” del empleo en el país (trabajo por horas, sin prestaciones ni protección social).

La reforma fiscal busca obtener fondos para cumplir, entre otras, la promesa de un sistema de seguridad social universal (pensión, seguro de desempleo y atención médica) que tiene un costo de 900 mil mdp. El camino es aumentar el IVA, generalizarlo a alimentos y medicinas y dejar intocados los privilegios fiscales de los grandes capitales.

Por último, la contrarreforma energética, cuya parte medular es la apertura de Pemex y CFE al capital privado en todas las fases de la generación de energía, al amparo de la ley de asociaciones público-privadas.

El segundo ciclo de contrarreformas del PRI y del PAN llega en un mal momento: cuando en Europa y Asia se cuestionan las privatizaciones, la precarización del empleo y los aumentos de impuestos como vías para salir de las crisis económicas estructurales.

Por lo visto, no se aprenden las lecciones de nuestra historia reciente ni las experiencias presentes en otras naciones. Resulta increíble, pero vamos por las mismas contrarreformas que tienen al país en el desempleo, la inseguridad y la desigualdad.

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