Las encuestas

Jaime Richart

Percibimos la realidad económica y social de dos maneras combinadas: una según nuestro nivel de bienestar o malestar material y personal, y otra según la insistencia de los medios al calificarla. Hay otros aspectos a tener en cuenta al hacer nuestra personal valoración, pero esto depende del grado de atención que prestemos a los medios que gentilmente nos desinforman…

 
En cualquier caso, tras este plano en el que la fuerza de las noticias nos constriñe a ver muy mal la situación, hay otro más hondo y menos manifiesto al que unos prestamos atención y otros no. Este plano es el psicológico y el cultural. Porque no porque unos se conjuren para hacernos ver la “realidad” exclusivamente como a ellos y a otros les va, la “realidad” es necesariamente ésa. En este otro ámbito están presentes factores ideológicos y sobre todo filósoficos. Me explicaré, pues filosofía hay en todo cuanto asumimos de “el deseo” o la voluntad de suprimirlo o atemperarlo; pues filosofía hay en todo cuanto hay de ansia, de ambición, de frustración o de conformidad; pues filosofía hay en el desprecio de la propiedad privada y la riqueza, y en la resistencia a dejarse uno atrapar por la propaganda y la mentalidad dominante…
 
Todo esto viene a cuento de una llamada telefónica que he recibido de una empresa –Metroscopia- dedicada a las encuestas. Se me preguntó si la situación económica y social española me parece “muy bien, bien, regular, mal o muy mal”. A semejante insulto contesté que yo no simplifico. Y es que la formulación de la pregunta que hay en encuestas y sondeos muestra hasta qué punto los sociólogos que están detrás nos tratan como a niños o deficientes mentales. 
 
Pero es que así confeccionan todo cuanto es “la realidad” en occidente medios e instituciones, y así se cocina y presenta la otra. Me refiero a la de los países que no siguen la infame fórmula caótica del capitalismo y del mercado falsamente libre. Las simplificaciones de las que se sirven las encuestas y la sociología en general son tan abominables como ingenuo el canto a la libertad política, a las libertades formales que todos celebramos pero que muchos menos sólo aceptamos a condición de que no haya ciudadano que sea tan pobre que tenga necesidad de venderse, ni tan rico que pueda comprar a otro. Sólo cumplida esta condición podremos decir que nuestra sociedad es aceptable. En tanto eso no sea así, la sociedad sobre la que se nos interroga, sea cual fuere el color del gobierno, es absolutamente injusta, y por consiguiente el calificativo que merece la respuesta siempre ha de ser “nefasta”.
 
El capitalismo es un sistema preso de su propio impulso, incapaz incluso de ralentizarse. Contiene el principio destructor del tejido social. La destrucción y las crisis económicas que la preceden las lleva a cabo bien mediante la automática o progresiva depauperación de grandes masas de población del país respectivo y en el mundo explotadas en beneficio de los poseedores del dinero, bien mediante la guerra cuya amenaza se otea siempre en el horizonte.
 
 
Anuncios
  1. Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: