Una frase para #Sicilia

Es imposible registrar los nombres de los muertos de la guerra de Calderón, que ya no es guerra, según él mismo.  De hecho la mayoría de los muertos de la guerra-no guerra no se llamaban de ningún modo. Eran, en vida, hombres y mujeres sin nombre. Y la muerte no les ha quitado su condición anónima.

En las fosas clandestinas que se  multiplican por el país, sacrificados y enterrados al mayoreo, los restos humanos son extraídos con trascabo. Es el mejor pago a sus vidas despreciadas y sus muertes despreciables. En vida, ya estaban muertos. Lo demuestra así el hecho de que nadie reclama sus cuerpos, o las partes de sus cuerpos que el trascabo dejó reconocibles.

La fosa común ha sido el destino de gran parte de los muertos, que sí son muertos, de esta guerra, que no es guerra. Diversos reportes periodísticos hablan de una cifra de 12,000 fallecidos no identificados.

 Pero otros fallecidos no han padecido la otra muerte que es el olvido. Ellos mismos, víctimas también de la guerra tonta, tuvieron un nombre, o fueron hijos de padres que, teniendo un nombre, han tenido también el valor de echar en cara del gobierno los costos de su criminal estupidez.

Víctimas relevantes del crimen organizado (que es tal, a condición de gozar de protección oficial) han obligado al gobierno a enseñar la cara ante sus padres. Así pues, el señor Calderón ha tenido, a lo largo del río sangriento de su sexenio, diversos encuentros con los padres de las víctimas de su guerra (y dale, ¡que no es guerra!)

Esos encuentros entre la estulta arrogancia gubernamental y la agraviada dignidad, la entereza dolida de los padres, son recordadas por las frases que estos padres, dignos, han azotado en la cara del criminal. Veamos:

 ¡NO TIENEN MADRE!

 Así dijo Nelson Vargas, en una reunión con Calderón. Refiriéndose a la complicidad de la policía con los asesinos de su hija.

 SI NO PUEDEN, ¡RENUNCIEN!

 Esa fue la exigencia de Alejandro Martí.  Al reclamar por el secuestro y muerte de su hijo, en la que está involucrado el círculo íntimo de Genaro García Luna. La cosa quedó allí; por que no pudieron, no quisieron, pero tampoco renunciaron.

 USTED NO ES BIENVENIDO

 Así le espetó la señora Luz María Dávila, la madre coraje, que de esa forma le reclamó a Calderón haber llamado pandilleros a sus dos hijos, Luis y Marcos, muertos en la masacre de Villas de Salvárcar.

Mañana jueves 23 de Junio se reúne Javier Sicilia con Calderón. Dice, Javier Sicilia, que va en busca de esperanzas. Pierde su tiempo; de Calderón se puede esperar fraude, engaño, corrupción, simulación, sangre, muerte; muchas cosas se pueden esperar, menos esperanzas.

No, Javier. En todo caso tú eres la esperanza. La esperanza está en tu condición de poeta, de obrero de la palabra. Construye con palabras, Javier, el resumen de los agravios, de los dolores, de los corajes, de la dignidad: dile que no tiene madre; que si no puede, que si no quiere, que renuncie; dile que no es bienvenido a donde habitan los mexicanos de bien.

Con tus manos de artesano de la palabra, levanta del lodo sangriento la frase que sea también resumen de todas las esperanzas.  Dila en nombre de los miles y miles que han vivido y muerto sin nombre y sin esperanza.

 

Martín Vélez

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